miércoles, 2 de enero de 2013

Preguntas sobre el ángel negro


Hoy he visto pasar delante de mi ventana un ángel negro. ¿Dices que no sabes de qué te hablo? Te lo explicaré… 

Un ángel negro es un ser oscuro. Se pasea entre nosotros, batiendo sus grandes alas sin apenas mover el aire. Nos ignora la mayor parte de las veces, ya que realmente no somos nada para él, sin embargo nos mira de reojo siempre. Es un ser abyecto al que Dios permitió vivir para recordarnos lo efímeros que somos. En algún momento, debió percatarse el Altísimo que semejante criatura podría acabar con el Ser Humano, así que limitó su poder y le dio una cuota para hacer el mal. Así, el ángel negro sobrevuela las calles y los campos, mirando a su alrededor y juzgando a quien repartir su limitada carga. 

¿Cómo lo hace? Pues simplemente se para, te mira y, alargando lentamente una mano de finísimos dedos, acaricia tu rostro. Entonces tú mismo pasas a verlo todo desde sus propios ojos. Es un punto de vista en el que el mundo se vuelve gris y oscuro e incluso a veces, desgraciadamente, totalmente negro. 

¿Por qué te elige a ti? No lo sabe nadie. Su criterio a veces parece totalmente aleatorio, otras, sin embargo, pareciera que le gusta cebarse con alguien en concreto, una y otra vez, hasta hacerle perder la razón.

¿Podrías evitarlo? Nadie sabe cómo hacerlo. Algunos hacen planes y se preparan, cuidando de no llamar su atención. Y a veces funciona, o eso parece. En ocasiones, cuando ha elegido una víctima y alarga sus manos hacia ella, de repente y sin que nadie sepa por qué, cambia de opinión y se retira sin más. ¿Es caprichoso o ha visto algo que le ha hecho cambiar de opinión? No sabría decirte.

¿Es así siempre? Bueno, hay algunas veces, pocas, como la de hoy, en la que solo lo ves pasar por delante de ti. Parece que no te hace caso, que te ignora, sin embargo, gira sus ojos apenas un poco y te mira por el rabillo del ojo. Y tú sabes que es una advertencia, que esta vez seguirá su camino, pero que sabe que estás ahí, que existes. Entonces te das cuenta que debes dejar de mirar por la ventana, levantarte y salir al aire fresco y al sol. Debes disfrutar de lo que tienes y lo que eres, porque puede que la próxima vez el ángel negro no te ignore.

De verdad, te juro que lo he visto.

Y todavía estoy temblando.