lunes, 28 de octubre de 2013

Desprecio

Microrrelato presentado en Getafe Negro. 

La frase en rojo da la entrada.

Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost. Primero fue la familia de la tercera fila. Miraron hacia donde yo estaba y salieron con aire desdeñoso. Luego las monjitas. Se persignaron varias veces y salieron espantadas. La ejecutiva despampanante dudó, pero después de suspirar exasperada se levantó, con cara de asco, y enfiló la puerta de embarque. Fue la señal para que todos a una despegaran el trasero de las cómodas butacas y atascaran el pasillo. Cuando reinó el silencio una azafata vestidita de azul se acercó. «Salga, por favor». Alcé mis manos, de piel negra. «Es por esto, ¿verdad?». Me giré, resignado, para despedirme de mi compañero de asiento, el hombre del abrigo de astracán, espesas patillas canas y mirada chulesca, pero la auxiliar de vuelo me puso la mano en el brazo, afectuosa. «No permitiremos que nadie respire el mismo aire que él». Y sonriendo me condujo, con los demás pasajeros, hacia un vuelo better-cost.