domingo, 28 de febrero de 2016

Deporte de riesgo





Se paró en las escaleras y respiró hondo. Miró las maravillosas Nike SpecialRunner de 220€. Eran las más aconsejadas de CORRECORREQUETEPILLORUNNER, con un diseño de colores capaz de enloquecer a un daltónico. Eran una buena inversión, no como las mallas RunnerStileFit, tan pegadas a la piel que se había descubierto un grano nuevo en el muslo. Se las había puesto hacía cinco minutos y ya iba por la cuarta vez que se las sacaba del canal intranalga. Y todo porque en el foro ZASCARUNFOREVER.ES aconsejaban no llevar ropa interior para correr, y, claro, cada movimiento acercaba la fina tela al fondo del abismo amenazando el sensible cráter.

Estaba pensando en volver y ponerse unos slips, cuando ella pasó por delante como una exhalación. Era delgada como una gacela Thomson y tenía la misma elegancia en cada zancada. Se armó de valor y arrancó. 
El plan era fácil: coincidir, pararse a respirar juntos e iniciar una conversación de hermanos-corredores, tal como había leído que se autodenominaban en RUNRUNRUNHASTAECHARELBOFE.COM.

Cincuenta segundos después, hizo la primera parada por mandato del corazón, y no por amor, si no porque que amenazaba con salírsele por la boca. Entonces, una figura pasó a su lado levantando viento. Era un ejemplar perfecto de modelo musculado de Menshealth. La alcanzó sin esfuerzo y le dijo algo al oído que la hizo reír.

Disgustado, y con el cráter en ebullición por el tormento de las mallas, se sentó en una terraza y pidió una bebida isotónica. Al rato aparecieron los dos, ocuparon otra mesa y pidieron lo mismo que él.

Suspiró. «A quién quiero engañar».

─ Camarero, una cerveza y una ración de bravas. Y tire esta mierda de Isostar.

Se llevó la jarra a los labios y se relajó. Diez minutos después alguien se sentaba a su lado.

─ ¿Te queda algo para invitar a una cerveza después de dejarte el sueldo en pijadas? ─dijo ella pinchando una patata enorme.